miércoles, 18 de enero de 2012

Los duelos especiales.


Los duelos especiales son aquellos que se producen por una muerte que nos toma por sorpresa.
Donde no hubo tiempo para prepararnos,
donde no hubo una enfermedad,
ni unperíodo desgastante de convalecencia y agonía;
de estar esperando el  momento de la muerte de nuestro ser querido.

Donde además, tenemos que enfrentar las circunstancias
de la muerte y sus consecuencias, así como es estrés postraumático que ésta provoca.

- La muerte no esperada.
Nos preguntamos:
¿Qué es más dolorosa, la muerte no esperada, o la muerte esperada
y tal vez hasta deseada?
Cuando llega la muerte esperada,
los familiares muchas veces están ya cansados, agotados, tanto física como emocionalmente y en muchas ocasiones viendo el sufrimiento por el que está pasando su enfermo, por lo tanto, al momento de la muerte, llega a
presentarse inclusive una sensación de descanso y liberación.

En cambio, en la muerte no esperada,
el impacto de la noticia sobrecarga nuestras capacidades adaptativas
y se derrumba nuestra seguridad y nuestra autoconfianza.

Algunos autores señalan que la elaboración del duelo por muerte no esperada, requiere de más tiempo.
No es que haya más dolor, sino que no hay un período de preparación emocional para poder entender la muerte como algo natural.

- La muerte súbita.
En la muerte súbita lo que se hace más difícil es aceptar la realidad de la pérdida. Ante la noticia inesperada, fácilmente se cae en un estado de shock que produce una gran represión e inhibición para externar libremente el dolor o,
por el contrario, ataques de llanto histérico o de nervios incontrolados.
Para los familiares es importante ver el cadáver, tocarlo, conocer las circunstancias de la muerte etc., de esta manera, podremos
evitar que surja la negación como mecanismo de defensa y que en estos casos resulta muy perjudicial.

- La muerte por accidente.
Además de compartir las características que se presentan en la muerte súbita,
en este tipo de muertes el dolor se agudiza por el estado en que quedó el cadáver.
Verlo puede resultar demasiado traumatizante, sin embargo, es recomendable hacerlo para que sus familiares y amigos puedan despedirse de él y así evitar una reacción inconsciente de castigo por no haberlo hecho.

Pueden surgir sentimientos de culpa.
Como reacción, surge la rabia hacia quién murió y a su vez esta reacción aumenta la culpa, convirtiéndose así, en una cadena interminable.
Es importante que el tanatólogo realice el enfrentamiento del
paciente siguiendo todas las etapas del duelo.

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